lunes, 30 de junio de 2008

Hijo pródigo


Un hombre tenía dos hijos, uno de ellos, el menor, le dijo a su padre: “Papá, dame la parte que me corresponde de lo que tienes” entonces su padre repartió entre él y su hijo mayor la heredad. El hijo menor vendió su parte y se fue lejos a gastar el dinero satisfaciendo sus deseos, pero, como suele suceder, el dinero se acabó y, para peor, el país sufrió de un mal periodo económico. El hambre le obligó a buscar trabajo y la desesperación le hizo aceptar algo en contra de su cultura y de sus tradiciones, cuidar cerdos. El hambre le hacía desear comer lo que aquellos sucios animales comían.

Cierto día el joven comprendió lo tonto que había sido y decidió volver a su padre, donde nunca le había faltado nada. Se dijo: «voy a volver donde mi papá y voy a decir: “papá, me equivoqué, no tomé en cuenta todo lo que me habías enseñado ni todo lo que había visto del amor a Dios en ti, no merezco ser llamado tu hijo, trabajaré como uno de tus empleados”», entonces comenzó a desandar el camino por el cual se había marchado.

El padre del joven, desde el día en que él había dejado su hogar, temprano, cada mañana, cada mediodía, cada atardecer, caminaba hasta el límite de sus tierras y, justo dónde estaba el gran portón de entrada, comenzaba a suspirar mientras miraba el camino por el cual su hijo se había ido. En cada momento se decía: “este será el día”. Después de miles de mañanas, el amanecer trajo consigo a su hijo y el padre corrió hacia él. El joven repetía una y otra vez en su mente las palabras que, premeditadamente, tenía preparadas para su padre. Sus ojos estaban apagados, su rostro se había opacado y su corazón se había secado, sólo la esperanza y un leve susurro que sentía venir desde su antiguo casa, le dio fuerzas para caminar por varias noches hasta llegar donde su padre. Las palabras del hijo fueron perdiendo sentido al fundirse el frío de su cuerpo con el calor del padre. Al parecer, algo alcanzó a decir, pero el padre se ocupo de apagar sus palabras, la fiesta es lo que venía.

Por otro lado, su hermano mayor, oía el rumor del gran acontecimiento. La respuesta de un empleado dio luz al motivo de la algarabía. Su llegada a la estancia, donde su padre y hermano estaban, fue estrepitosa por causa del sonido que dio la puerta al estrellarse con el dintel. “Padre, necesito hablar con usted… a solas”. En una pequeña habitación el hijo mayor pidió las explicaciones correspondientes. El padre dijo palabras sin sentido para él, algo como que su hermano estaba muerto, pero había resucitado. El hijo salió en silencio, su rostro no expresaba nada.

¡Cómo es posible que el hijo mayor haya desviado su mirada de lo importante, de lo esencial, estando en el hogar del padre y que, el hijo menor, en un instante, en un abrazo, conociera su esencia!

¡Cómo es posible que juzguemos a ese hijo mayor cuando el tiempo hace lo mismo en nosotros, nos acostumbramos al hogar del padre sin detenernos a disfrutar de Él, sin parar un momento, cerrar los ojos y respirar el aroma de su hogar!

Somos el hijo menor, somos el hijo mayor… debemos llegar a ser como el padre.

(Texto del hijo pródigo en Lucas 15, BLS, variación mía. Meditación basada en el libro El regreso del hijo pródigo, de Henri J. M. Nouwen)

4 comentarios:

Karen dijo...

uuuuuff... que poderoso!! en verdad tocó mi corazòn tu comentario, como cristiana evangèlica que soy, hace mucho vengo escuchando esta historia, y bueno con los años he aprendido a hacer una apreciaciòn mas profunda del tema... tambièn debo confesar que hace rato no analizaba nuevamente este pasaje biblico. te doy las gracias, porque en verdad es importantisimo reparar en los tres personajes,y es lo que hice ahora, realmente me sirviò mucho... saber apreciar lo que tenemos y DISFRUTARLO!! no hacer como el "hijo mayor" ...importante! es lo que quiere nuestro hermoso DIOS.
Saber que DIOS tiene mucho para nosotros y no limitar su amor, como hizo el "hijo menor" al regresar, pensò trabajar como uno de los jornaleros de su padre, y no era lo que el padre tenìa pensado para èl, sino mucho mas...
para finalizar lo que mas quiero y como muy bien dijiste,llegar a ser como "El Padre" :)
te dejo un abrazo, estoy un poco apurada por eso no pude escribir con mas detalle, pero ya habrà tiempo..
muchas bendiciones

K

Anónimo dijo...

Que buen libro, wow! debemos llegar a ser como el padre... cuanto nos faltara, o que nos faltara por hacer, para llegar a ser como el padre, la esencia la tenemos, tenemos a su Espiritu.

Dayana, I.B.R.P . S.I.M
Bs. As. Argentina

Al Ter dijo...

Hola Jonathan!

Gracias por comentar en mi Blog. "Mejor Imposible" es una de mis peliculas favoritas. Ultimamente esa idea de las multiplpes posibilidades ronda mucho mi mente. Te confieso que aun sigo viendo a esa persona entre las sombras. Espero poder darle solucion pronto.

Un amigo esta haciendo un cortometraje animado precisamente sobre una parafrasis del Hijo Prodigo, en cuanto la termine te paso el link para que la veas. Cuidate!

Saludos desde Mexico.

Anónimo dijo...

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