viernes, 13 de agosto de 2010
A mi amigo, en quien siempre pienso.
martes, 4 de agosto de 2009
Obediente hasta la muerte...
lunes, 20 de abril de 2009
Vacas sagradas
martes, 2 de diciembre de 2008
Pensamientos navideños
Algunas veces me pregunto ¿Seré yo Señor? porque, a la verdad, pareciera que toda la ciudad sirviera en pos de este espíritu navideño y que sólo a mi no me gustara armar el "árbol de pascua" --no sé de dónde saca la gente que se le debe llamar "de pascua" al igual que al famoso pan-- ni tampoco poner las lucesillas de la estación.
Debo confesar que luego de las cero horas, luego de haber repartido los regalos, me voy por un buen rato a mi pieza para decir: "perdona lo que hacemos en tu nombre" (cuantas veces, y no sólo en esta festividad, he hecho lo mismo). Luego, después de la pequeña charla, voy a ver cómo los niños disfrutan de los regalos recibidos, le pregunto a mi hermano cuantos calcetines le regalaron este año, y yo veo si hay algo que le interesa de lo que me regalaron a mi, y terminamos haciendo el antiguo trueque.
Me encantaría estar más contento en estas fechas, pero el hecho es que me desanima. Ya lo dijo un niño : "¿por qué me hacen regalos a mi si es Jesús quien está de cumpleaños?"Me pregunto lo mismo,
¿Somos tan egoistas que, aún cuando pensamos en Jesús, ideamos una fórmula para salir beneficiados?
lunes, 30 de junio de 2008
Hijo pródigo

Un hombre tenía dos hijos, uno de ellos, el menor, le dijo a su padre: “Papá, dame la parte que me corresponde de lo que tienes” entonces su padre repartió entre él y su hijo mayor la heredad. El hijo menor vendió su parte y se fue lejos a gastar el dinero satisfaciendo sus deseos, pero, como suele suceder, el dinero se acabó y, para peor, el país sufrió de un mal periodo económico. El hambre le obligó a buscar trabajo y la desesperación le hizo aceptar algo en contra de su cultura y de sus tradiciones, cuidar cerdos. El hambre le hacía desear comer lo que aquellos sucios animales comían.
Cierto día el joven comprendió lo tonto que había sido y decidió volver a su padre, donde nunca le había faltado nada. Se dijo: «voy a volver donde mi papá y voy a decir: “papá, me equivoqué, no tomé en cuenta todo lo que me habías enseñado ni todo lo que había visto del amor a Dios en ti, no merezco ser llamado tu hijo, trabajaré como uno de tus empleados”», entonces comenzó a desandar el camino por el cual se había marchado.
El padre del joven, desde el día en que él había dejado su hogar, temprano, cada mañana, cada mediodía, cada atardecer, caminaba hasta el límite de sus tierras y, justo dónde estaba el gran portón de entrada, comenzaba a suspirar mientras miraba el camino por el cual su hijo se había ido. En cada momento se decía: “este será el día”. Después de miles de mañanas, el amanecer trajo consigo a su hijo y el padre corrió hacia él. El joven repetía una y otra vez en su mente las palabras que, premeditadamente, tenía preparadas para su padre. Sus ojos estaban apagados, su rostro se había opacado y su corazón se había secado, sólo la esperanza y un leve susurro que sentía venir desde su antiguo casa, le dio fuerzas para caminar por varias noches hasta llegar donde su padre. Las palabras del hijo fueron perdiendo sentido al fundirse el frío de su cuerpo con el calor del padre. Al parecer, algo alcanzó a decir, pero el padre se ocupo de apagar sus palabras, la fiesta es lo que venía.
Por otro lado, su hermano mayor, oía el rumor del gran acontecimiento. La respuesta de un empleado dio luz al motivo de la algarabía. Su llegada a la estancia, donde su padre y hermano estaban, fue estrepitosa por causa del sonido que dio la puerta al estrellarse con el dintel. “Padre, necesito hablar con usted… a solas”. En una pequeña habitación el hijo mayor pidió las explicaciones correspondientes. El padre dijo palabras sin sentido para él, algo como que su hermano estaba muerto, pero había resucitado. El hijo salió en silencio, su rostro no expresaba nada.
¡Cómo es posible que el hijo mayor haya desviado su mirada de lo importante, de lo esencial, estando en el hogar del padre y que, el hijo menor, en un instante, en un abrazo, conociera su esencia!
¡Cómo es posible que juzguemos a ese hijo mayor cuando el tiempo hace lo mismo en nosotros, nos acostumbramos al hogar del padre sin detenernos a disfrutar de Él, sin parar un momento, cerrar los ojos y respirar el aroma de su hogar!
Somos el hijo menor, somos el hijo mayor… debemos llegar a ser como el padre.
(Texto del hijo pródigo en Lucas 15, BLS, variación mía. Meditación basada en el libro El regreso del hijo pródigo, de Henri J. M. Nouwen)
martes, 26 de febrero de 2008
Sorprendido

martes, 22 de enero de 2008
Lord Banksy



El vandalismo llevado al arte, la interversión muralística llevada a una cirugía mayor. Señores, con ustedes... Mr. Banksy.